Sobre las disfunciones sexuales en las mujeres

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En las últimas décadas, los problemas de salud relacionados con la práctica sexual han ganado en visibilidad y normalidad en las consultas médicas. Si hasta no hace mucho un porcentaje muy elevado de hombres ocultaba avergonzado su condición de impotente o eyaculador precoz, hoy rastrea la Red en búsqueda de tratamientos eficaces y remedios naturales para sus problemas de erección.


Los tabúes siguen pesando, sin embargo, a la hora de hablar abiertamente de las disfunciones sexuales. El miedo a ser juzgados, los estereotipos clásicos de la feminidad y la masculinidad o la falta de seguridad en uno mismo actúan como barreras a la hora de diagnosticar y paliar los síntomas de dichas patologías. Curiosamente, tendemos a asociar automáticamente los problemas en el desempeño sexual con el hombre, como si la mujer no sufriera ningún tipo de bloqueo en ese terreno.


Por eso, podemos decir sin temor a equivocarnos que la disfunción sexual femenina en todas sus acepciones es la gran olvidada.


¿Qué se entiende por disfunción sexual femenina?


Al igual que en el caso del hombre, no existe un único tipo de patología que afecta a la capacidad de la mujer a la hora de mantener relaciones íntimas. Si en el caso del hombre distinguimos a grandes rasgos entre la disfunción eréctil, la eyaculación precoz y la retardada, en ellas solemos hablar de la falta (o disminución) del deseo, los problemas de excitación, el vaginismo o la anorgasmia.


¿A qué se debe?


Como en la gran mayoría de las complicaciones relacionadas con la sexualidad, no existe una causa única que explique el desencadenamiento de la disfunción sexual femenina. Normalmente, se trata más bien de la conjunción tanto de factores psicológicos como fisiológicos. Entre los primeros cabe destacar: traumas en el sexo, estrés, falta de comunicación en la pareja, miedos propios tras un largo período de inactividad, infidelidades, etc.


A nivel orgánico, pueden estar motivadas por descensos en los niveles de la hormona testosterona, por ejemplo. También es causa de problemas sexuales la diabetes no medicada, que provoca falta de lubricación y sequedad vaginal. Sea cual sea el origen del problema, es importante determinarlo para así buscar el tratamiento más conveniente.


Disfunción sexual, disfunción de pareja


Si la patología sexual se produce en una situación de pareja estable, es esencial que ambos miembros colaboren en su solución. Si para la mejora de la impotencia masculina, por ejemplo, se requiere un entendimiento mutuo a la hora de buscar una opción que les permita recuperar la calidad de su vida sexual, en el caso de la anorgasmia o la falta de deseo en la mujer la comunicación no es menos importante.


De hecho, los clichés y tabúes que todavía pesan sobre el erotismo femenino pueden hacernos olvidar la importancia de reivindicar el disfrute sexual de la mujer. El hombre juega un papel relevante en su consecución.

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