Novedades en las vacunas y su modo de aplicación

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En salud pública, la prevención pasa en gran medida por el desarrollo de programas de vacunación efectivos y masivos. De niños nos acostumbramos a la rutina de pinchazos periódicos que nos ponen los pelos como escarpias y tratamientos orales que sin duda agradecemos.


Sin embargo, estudios recientes ponen en cuestión la eficacia de ciertas vacunas. ¿Por qué?


Vacunas y aplicación


El modo de empleo de las inyecciones ha cambiado mucho en las últimas décadas. Si nuestros padres todavía lucen en hombros enormes cicatrices provocadas por la vacuna contra la tuberculosis o BCG (Bacilo de Calmette y Guerin), actualmente se considera que no solo algunas vacunas ya no son pertinentes o eficaces, sino que se estudian nuevas formas de administrarlas para potenciar su efecto. Hasta el momento, la mayoría son por vía oral o intramuscular en el brazo. 


¿Cómo se elige la zona de aplicación?


En principio, los facultativos se rigen por una serie de convenciones generales. La vacuna en el músculo deltoides del brazo es el modo de aplicación más frecuente tanto en bebés como en niños. Aunque hay que reconocer que, en la práctica, los médicos tienden a modificar su elección en función del criterio de los padres. 


Últimas novedades en vacunación


Sin embargo, investigadores del Grupo de Investigación del Instituto de Salud norteamericano liderados por Lisa A. Jackson acaban de presentar las conclusiones de un ambicioso estudio sobre la reacción que las vacunas contra la difteria, el tétanos y la tos ferina provocan en función del lugar en el que se administran. Publicada en la última edición de la revista Pediatrics, la investigación ha seguido la diferente evolución de niños de entre 12 y 35 meses, según si han sido inyectados en el brazo o en el músculo del muslo.


En este último caso se ha observado una menor incidencia de la vacuna, descendiendo significativamente el número de consultas sanitarias por distintas reacciones. El dolor, el enrojecimiento y la inflamación habituales se reducen sensiblemente cuando las vacunas se aplican en la zona intramuscular del muslo en niños menores de 3 años. 

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