Los recortes en investigación, un peligro para la salud

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La delicada situación que vive el sistema financiero europeo, así como el norteamericano no solo tiene efectos nocivos sobre la calidad de vida de los ciudadanos que la padecen directamente. La crisis económica va más allá de los dramas asociados a la falta de empleo, la escasez del crédito o la imposibilidad de hacer frente a los gastos esenciales del día a día.


En un tiempo de globalización, los problemas económicos del mal llamado “primer mundo” amenazan con contagiar a los países en vías de desarrollo. ¿En qué medida? Abandonando a su suerte a miles y miles de personas que hasta el presente han dependido de ayudas extranjeras para poder conseguir tratamientos para diversas enfermedades endémicas y reduciendo las partidas presupuestarias destinadas a la investigación en determinadas patologías propias de esas regiones. La crisis es ya un fenómeno de carácter transversal.


Recortes en sanidad, recortes en salud


En estos tiempos en los que en España el sector de la sanidad pública lucha por impedir su privatización o el concierto de los recursos existentes, sorprende cada vez menos conocer nuevos datos sobre las consecuencias a nivel internacional de los recortes en las partidas presupuestarias dedicadas a investigación y desarrollo.


El contexto macroeconómico ha llevado a los gobiernos más solventes a limitar las aportaciones realizadas no solo a sus programas nacionales de salud y bienestar, sino también a los de cooperación con terceros países menos favorecidos. Tan solo en España, dicho presupuesto se ha visto reducido en hasta un 65% en el último año.


Consecuencias de la menor inversión sanitaria


La crisis de fondos amenaza ahora con estancar algunos de los programas sanitarios más prometedores de las últimas décadas. Tal es el caso de la campaña contra el VIH en África. Desde la Organización para las Naciones Unidas se alerta del retroceso que puede sufrir la lucha contra esta enfermedad, así como otras patologías de transmisión sexual.


Además, la pobreza y la situación de exclusión social está complicando en países como Brasil el tratamiento eficaz de problemas de salud teóricamente extintos pero que sufren repuntes en la actualidad. La lepra es un buen ejemplo de ello, siendo quizás la más conocida de las llamadas “enfermedades infecciosas desatendidas”.


La polio también está sufriendo un alarmante repunte, en este caso en el Cuerno de África. La malaria o el paludismo pueden convertirse en los siguientes beneficiados de una menor inversión en prevención y tratamientos efectivos.

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