Los expertos ponen en duda el test de Alcat

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En los últimos años nos hemos acostumbrado a escuchar hablar de toda un lista de nombres propios conjugados con otras tantas dietas y planes nutricionales que prometen resultados increíbles. Atkins, Montignac y -sobre todo- Dukan ya forman parte de nuestro vocabulario cotidiano. Ahora que asistimos al éxito creciente del test de Alcat, nos preguntamos realmente en qué consiste. Descubre sus luces y sus sombras.


¿En qué consiste el test de Alcat?


Presentada como la única aprobada por la FDA estadounidense (Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU), esta prueba sirve a priori para detectar intolerancias alimentarias. A través de un simple análisis de sangre, un laboratorio mide la respuesta de nuestro organismo ante una larga lista de alimentos (hasta 100) y aditivos (20 en total) habituales en el mercado alimentario.


Se determina que somos intolerantes a algún elemento cuando éste produce una reacción adversa por parte de nuestro sistema inmunológico. La información obtenida gracias a este test sirve luego para personalizar una dieta y sacarle el máximo partido. Se obtienen datos que permiten abordar eficazmente problemas de sobrepeso, retención de líquidos, trastornos gastrointestinales o dermatológicos, fatiga generalizada o cefaleas.


Con una trayectoria de más de 10 años en le mercado, el test de Alcat ofrece todo tipo de facilidades a quien esté interesado en realizarlo, con centros concertados en numerosos puntos de nuestra geografía.


Sombras del test de Alcat


Al igual que en el caso de la revolución de las dietas hipercalóricas, los expertos no han tardado en poner el grito en el cielo. Mientras crecen los adeptos al sistema de Alcat, en nuestro país la comunidad científica no da crédito a la repercusión alcanzada por el mismo. Según Antonio Peláez, presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología,  este método de origen americano no tiene ninguna base científica. Su procedimiento no está homologado por ninguna fuente de la inmunología actual, por lo que se podría calificar de nuevo fraude.


Al paciente se le prohíbe el consumo de una larga lista de alimentos, por lo que le resulta prácticamente imposible seguir una dieta normal y equilibrada, neurotizando su rutina alimentaria. Tachan de infamia el tratar de presentar como científica una lista de productos causantes del aumento de peso corporal de una persona.


Al fin y al cabo, la supuesta intolerancia no implica necesariamente que el alimento en cuestión engorde. Desde la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) son tajantes. Basilio Moreno – su presidente- habla de un producto trampa que vende humo en función a parámetros inmunológicos que poco o nada tienen que ver con el tratamiento de la obesidad.

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