Las pastillas para dormir están a la orden del día. ¿Por qué?

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El descanso es uno de los pilares principales de nuestra salud integral. Aunque el número de horas de sueño que necesitamos los adultos varía en función de cada uno, se habla generalmente de entre 7 y 9 al día. Normalmente no somos consciente de las propiedades reparadoras de este tiempo de relajación hasta que, por diversos motivos, nos vemos privados de él.


El insomnio y el dormir poco se han convertido en toda una epidemia de salud pública. Y es que irnos a la cama a veces se convierte en toda una tortura. Es imprescindible seguir los que los especialistas llaman unas ciertas normas de higiene del sueño, pero en ocasiones hasta éstas se revelan insuficientes. Las pastillas para dormir son el nuevo elemento de cabecera en los dormitorios modernos.


De los somníferos a las pastillas para dormir


Hasta no hace mucho tiempo, los somníferos eran un tema tabú en nuestra sociedad. Nos hacían pensar en personas al borde del abismo, con existencias turbias y navegando a la deriva entre pastillas que les hacían desconectar de una realidad poco satisfactoria. Los somníferos olían también a juego sucio para aprovecharse de la voluntad (sexual, económica, etc.) de alguien.


Pero un poco de maquillaje y un apropiado cambio de nombre ha contribuido a rehabilitar la imagen de estos fármacos. Ahora son simplemente pastillas para dormir. Tan asépticas como la Aspirina o el ibuprofeno. Ya nadie se sonroja al reconocer que las toma. Es más, en algunos lugares se considera todo un símbolo de estatus. Como ir al psicoterapeuta o contratar a un paseador de perros. Es lo que se suele llamar la psicologización de la vida cotidiana.


¿Cómo funcionan las pastillas para el descanso?


A pesar de lo que pueda considerarse, no se trata de remedios mágicos. En ningún caso pueden aumentar de forma radical el tiempo de reposo o disminuir el de vigilia. Sin embargo, estudios recientes ponen de manifiesto que para muchos pacientes, el simple hecho de tomar estas pastillas produce en su organismo un cierto efecto placebo.


Las pastillas provocan la llamada amnesia anterógrada, que bloquea la capacidad de la persona para recordar. Así, al olvidar las dificultades para contraer el sueño o las pesadillas sufridas, se tiene una mayor sensación de descanso. El zolpidem, el diazepam y la zopiclona son los principios activos más recetados para combatir el insomnio crónico. En España, hasta un 30% de la población consume habitualmente este tipo de fármaco. Valium, Trankimazin, Lexatin, Orfidal, etc. ya forman parte de nuestro vocabulario.

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