Las golosinas y sus componentes alérgenos a estudio

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Las alergias alimentarias son uno de los problemas de salud más frecuentes en la actualidad. Pueden tener un origen muy diverso, pero las reacciones que provocan pueden pasar de simples molestias como picores o moqueo a trastornos digestivos severos o shocks anafilácticos. Hay muchos productos susceptibles de desencadenar un cuadro alergénico, pero entre los más frecuentes destacan: los huevos, la leche de vaca, los frutos secos o los mariscos.


A la lista se añade ahora (para desgracia de los amantes de los dulces) las chucherías. 


¿Quién es más propenso a padecer alergia alimentaria?


Entre los pacientes que sufren este tipo de patologías hay que distinguir dos grupos: los niños y los adultos. El tratamiento y los síntomas pueden en ambos casos diferir notablemente. A parte de las más comunes ya mencionadas, los niños suelen desarrollar alergias relacionadas con las frutas frescas y las leguminosas. En el caso de los adultos, se aprecia sin embargo un mayor índice de sensibilidad e intolerancia a la soja, el trigo o los cacahuetes


Niños, chucherías y alergias


Para gran tristeza de los niños (y de muchos adultos golosos) las chucherías se han convertido en otro foco de alergias alimentarias. Algunas de ellas tienen entre sus componentes diversas sustancias que pueden actuar como desencadenantes de reacciones alérgicas.


Las trazas de frutos secos, ciertas proteínas de la gelatina o la carmina que se usa como colorante y deriva de un insecto llamado cochinilla deben estar correctamente indicadas en la etiqueta de los productos. Las gominolas, las nubes de malvavisco, los toffees u otras golosinas de estructura más compleja son susceptibles de contenerlos. 


Avances en investigación y prevención


Un grupo de investigadores de la Universidad de Oviedo acaba de anunciar que trabajará para establecer una base de datos con las sustancias alérgicas potencialmente contenidas en las chucherías más consumidas en España.


El departamento de Biología Funcional de dicha universidad, dirigido por Eva García Vázquez ha obtenido una ayuda de la Fundación Mapfre para emprender esta investigación. Las conclusiones del mismo permitirán en el futuro reforzar el control sobre estos productos y ayudar a prevenir complicaciones sanitarias asociadas. 

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