Las fechas de caducidad a debate

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Mucho se ha debatido en las últimas semanas en torno a la fecha de caducidad de los productos elaborados. En él han entrado no solo las autoridades sanitarias y las grandes firmas alimentarias, sino también las asociaciones de consumidores y otros movimientos cívicos que abogan por un aprovechamiento más eficiente de los recursos a la venta.


El rigor de las fechas de consumo preferente está en entredicho. Nosotros intentamos explicar las claves para determinarlas y su nivel de fiabilidad. Entramos de lleno en el la polémica.


¿Qué es la fecha de caducidad?


Estamos acostumbrados a verlas cada día en al menos unos tres o cuatro envases. La fecha de caducidad es el límite estimado por el fabricante para consumir con total garantía el producto en cuestión. Más allá de ese momento, se considera que es potencialmente peligroso para la salud de las personas. No debe confundirse con la fecha de consumo preferente.


Ésta, por su parte, determina el momento a partir del cual los alimentos tienden a perder alguna de sus propiedades inherentes (tales como el gusto, la textura o el sabor). Eso sí, en ningún caso suponen un peligro para nuestro bienestar.


La fecha de caducidad en entredicho


En muchas ocasiones los consumidores carecemos de información adecuada sobre un gran número de productos a la venta. Por eso, y ante la duda, solemos respetar a pies juntillas cualquier tipo de indicación proveniente del fabricante. Sin embargo, desde la industria alimentaria se ha tendido en los últimos tiempos a cubrirse las espaldas ante posibles problemas sanitarios (como intoxicaciones, reacciones alérgicas, etc.) convirtiendo las fechas de consumo preferente en fechas de caducidad.


A pesar de no tener una base real para hacerlo, se juega sobre la implicación psicológica de ésta a la hora de tomar o no el producto en cuestión. Así se garantiza que en general los alimentos se consumen a tiempo y se evitan quejas por baja calidad de los mismos (como puede ocurrir si se supera el tiempo de uso preferente).


La racionalización de los recursos parece el gran tema pendiente en nuestra sociedad. Además de debatir sobre fechas de caducidad, deberíamos aprender a no tirar manzanas que no brillan, peras deformadas, los yogures de ayer, etc.

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