La soledad no solo afecta a nuestro ánimo, también al cuerpo

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Vivimos a toda velocidad. En la sociedad del consumo todo ha de ser rápido, inmediato, fugaz y satisfactorio. Nuestras relaciones se han amoldado a esa misma urgencia e incluso hemos patentado una nueva forma de flirtear, el speed dating, que rara vez nos permite ir más allá de una simple atracción física.


Y en medio de toda esa tormenta se halla, invariablemente, el mayor tormento de la modernidad: la soledad. Pero no solo se trata de un mal del alma. La soledad afecta también al cuerpo. 


El estado de ánimo y la salud física


En términos generales, se acepta que una calidad deficiente de las relaciones personales tiene una incidencia negativa en la salud de las personas. Según la investigadora Lisa Jaremka, del Instituto de Investigación de Medicina del Comportamiento en la Universidad Estatal de Ohio (EEUU), la percepción de la propia soledad puede desencadenar no solo patologías graves, sino incluso la muerte prematura de la persona. 


La soledad y otras patologías asociadas


Recientes investigaciones muestran que los individuos que se sienten solos tienden a presentar índices elevados de reactivación del virus latente del herpes, produciendo también una mayor cantidad de proteínas relacionadas con la inflamación en respuesta al estrés agudo.


El alto nivel proteico y la presencia de dicha inflamación (que puede ser crónica) pueden estar ligados al desarrollo de numerosas patologías como: diabetes tipo 2, artritis, Alzheimer, problemas coronarios, fragilidad y disminución de la funcionalidad, envejecimiento prematuro, etc. La soledad, en suma, vendría a funcionar como un factor más de estrés crónico, desencadenando una respuesta incontrolada por parte del sistema inmunológico.  


Otros efectos secundarios de la soledad


La soledad no es un problema de la última década. Ya en los años ’80 del siglo XX, el doctor Stephen E. Goldston, del Departamento de Prevención del Instituto Nacional de Salud Mental de Washington, alertaba sobre la estrecha conexión entre la soledad en fase avanzada y el desarrollo de adicciones al alcohol y las drogas. Por otra parte, la soledad está íntimamente ligada a la pulsión suicida


¿A quién afecta más la soledad?


En contra de lo que establecen los estereotipos, los ancianos no son los más solitarios. Muy al contrario, parecen los más hábiles en la conservación de sus relaciones sociales. No es el caso de los jóvenes y adolescentes, que sienten cada vez más que no tienen con quien hablar. La soledad en esta franja de edad está relacionada con la crisis del núcleo familiar, las dificultades que experimentan los padres para conciliar el trabajo y el hogar, así como la paternidad tardío.


Pero, por encima de todo, la soledad parece afectar a hombres de éxito que viven por y para su carrera, desligándose de su entorno. Poco a poco, por desgracia, las mujeres están subiéndose cada vez más al carro de la soledad. 

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