La mujer sigue estando condicionada por tabúes sobre su sexo

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La salud de la mujer es un terreno muy, muy amplio. Va mucho más allá del estudio de todas esas patologías que le son propias o más frecuentes. Interesarse por su bienestar es preguntarse también por su sensualidad y su sexualidad. El erotismo en femenino también es una parcela importante de la salud femenina. Sin embargo, muchas culturas se sirven de esta faceta para hilvanar una cosmovisión represora que defiende la inferioridad de la mujer frente al hombre. Por muy extraño que nos resulte, la sexualidad femenina sigue siendo un tabú en muchas regiones. Veamos cómo se manifiestan dichos prejuicios.

La feminidad estigmatizada

La religión ha jugado un papel muy importante en la estigmatización del sexo femenino. La defensa encarnizada de una visión exclusivamente reproductiva de las relaciones entre el hombre y la mujer ha servido para demonizar toda forma de placer. En último término, es el goce masculino el único que cuenta. Ellas no son más que un instrumento al servicio del mismo. La mentalidad patriarcal ha perpetuado los desequilibrios durante siglos, interpretando en su propio provecho las enseñanzas antiguas y la tradición religiosa.

La mujer ha sido considerada como un ser de inteligencia menor, relegada al nivel de los esclavos o los indígenas. El darwinismo social puso su grano de arena en el siglo XIX y la psicología freudiana añadió la puntilla final al estereotipo de la mujer histérica. La debilidad intrínseca al sexo femenino, su puerilidad y su escaso intelecto han sido -y en ocasiones siguen siéndolo- enormes lastres difíciles de soportar.

Silenciado de la sexualidad femenina

¿En qué se basa la idea de que la mujer es un ser inferior? En ideas que hoy en día pueden resultarnos extremadamente peregrinas. La impureza de la sangre evacuada durante el período menstrual es el eje de todas ellas. En la India, por ejemplo, este momento del ciclo fértil femenino es sigue siendo un enorme tabú. Se considera que un porcentaje muy elevado (más de un 98%) de las mujeres de este país ve afectada su rutina diaria durante la menstruación hasta el punto de no poder manipular alimentos o cocinar, teniendo que dormir en espacios separados. Los prejuicios se complican con la precariedad de las medidas higiénicas a las que ellas tienen acceso.

Son muy pocas las que conocen la posibilidad de usar paños o compresas. Ni tan siquiera saben muy bien qué es lo que ocurre en su cuerpo periódicamente. El desconocimiento las lleva al autorrechazo, dejándose llevar por el miedo y todo tipo de ideas preconcebidas. La dignidad femenina no tiene cabida en este tipo de contextos. Y si la menstruación es un tema tabú, qué decir de la práctica del sexo en sí.

Ellas no son más que simples eslabones en la cadena reproductiva. Palabras como “orgasmo”, “estimulación clitórea”, “zonas erógenas”, “retraso de la regla” o “píldora del día después” nunca entrarán en el vocabulario de estas mujeres.

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