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Economy is all around. Desde que la crisis financiera entrara en nuestros hogares para quedarse y nos obligara a familiarizaranos con términos técnicos desconocidos hasta entonces por el común de los mortales, la economía se ha convertido en el centro de nuestro universo personal. Las consecuencias de su omnipresencia son múltiples y, a veces, insospechadas.


Economía y salud mental


La buena marcha de la economía personal repercute en el nivel de estabilidad material del núcleo familiar. Cuando se produce una situación de disminución o falta de ingresos, el confort y el modo de vida se resienten. Y esto, a menudo, tiene sus consecuencias a nivel emocional. El cuestionamiento de los propios valores, la insatisfacción ante la falta de perspectivas, la frustración individual y social pueden derivar en problemas psicológicos más o menos graves.


No en vano, durante los últimos años los países del área europea han asistido a un repunte de las tasas de depresión y suicidio.


¿Crisis y sexualidad?


Los problemas económicos tiene incidencia incluso en el terreno de las relaciones íntimas. El estrés y la presión acumulada pueden desencadenar episodios de apatía y falta de libido, así como problemas ocasionales de disfunción eréctil. El ritmo de vida actual, las dietas deficitarias en nutrientes esenciales o las dificultades para conciliar la esfera particular y laboral se unen a los condicionantes económicos.


Infertilidad y crisis económica


En efecto, desde el Hospital Universitario de San Joan d’Alacant apuntan a un descenso notable en la calidad del semen. Su consulta de esterilidad ha multiplicado en un 256% el número de inseminaciones artificiales practicadas en los últimos cinco años. Cada vez son más los hombres que se someten a análisis diagnósticos de semen (seminogramas o espermiogramas) para detectar y remediar posibles problemas de fertilidad.

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