La “drunkorexia”: alcoholismo y ayuno forzado

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La adolescencia es una época de cambios a muy distintos niveles. Los cambios físicos se suman a otros de orden emocional y sociológico. La llamada “revolución de las hormonas” provoca en el joven la necesidad de redefinir su identidad con respecto a los demás y, por qué no, a sí mismo.


El paso de la niñez a la edad adulta es un momento crítico en la evolución de las personas y no siempre resulta fácil de manejar. Es en esta etapa en la que los adolescentes son más vulnerables al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria. La anorexia y la bulimia son algunas de las patologías más comunes entre los jóvenes de ambos sexos. La “drunkorexia” amenaza con sumarse a ellas.


¿Qué es la “drunkorexia”?


Este neologismo tomado del inglés hace referencia a una nueva tendencia en el comportamiento social de los adolescentes. El propio Instituto de la Obesidad acaba de alertar sobre la dimensión que está alcanzando en nuestra sociedad. Consiste fundamentalmente en la ingesta de cantidades elevadas de alcohol sin haber previamente tomado ningún alimento.


El objetivo sería contrarrestrar el aporte calórico de la bebida mediante la supresión de las comidas ordinarias. A las graves consecuencias del consumo de alcohol se suma el efecto que sobre el organismo tiene el estrés al que se ve sometido por el ayuno forzado. Los menores tienden a desarrollar una conciencia cada vez más temprana sobre el poder de la imagen pública que proyectan, por lo que buscan todo tipo de recursos para mantener el aspecto deseado sin por ello renunciar a otras prácticas contrarias a la buena salud. La “drunkorexia” es más frecuente en mujeres jóvenes.


¿Cuáles son sus consecuencias de la drunkorexia?


La falsa creencia sobre la que se cimenta esta práctica de riesgo puede tener graves consecuencias para sus adeptos. Expertos del citado Instituto de la Obesidad destacan que el hígado es el órgano que más sufre por la ingesta excesiva de alcohol. Y más aún en el caso de la mujer. Incluso si esa cantidad es menor y durante un tiempo más corto que el hombre, pueden producirse problemas hepáticos severos. 


Y es que se estima que la sangre de la mujer puede absorber entre un 30 y un 50% más de alcohol. Otro gran afectado por la “drunkorexia” es el corazón. Una vez más, el de las mujeres es el más vulnerable, ya que con un 60% menos de bebida pueden llegar a desarrollar la misma cardiopatía. Para tratar esta nueva patología es necesaria la intervención de un psicólogo que atienda de forma conjunta la adicción al alcohol y la pauta conductal errónea adquirida.


Además, se requiere la ayuda de un nutricionista y del propio médico de cabecera. Se trata de un problema extremadamente complejo que exige de una acción transversal.

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