La depresión amenaza a los pacientes tras sufrir un infarto

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El haber sobrevivido a un infarto de miocardio puede afectar no solo a nuestra salud física, sino también mental. Tras haber sufrido una experiencia crítica, los pacientes inician un largo camino hacia la recuperación y la estabilización de su cuadro clínico. Al mismo tiempo, comienzan un proceso no menos duro de aceptación de la enfermedad y del riesgo al que han estado -y están- sometidos.


¿Por qué se asocia infarto y depresión?


La depresión o crisis anímica es una de las consecuencias más comunes tras haber sufrido un problema grave de salud. El cuestionamiento de la forma de vida anterior, el pánico ante las posibles secuelas del episodio padecido, etc. contribuyen a minar el ánimo del paciente. De ahí que el índice de depresiones sea elevado entre supervivientes a un infarto de miocardio.


Y las posibilidades de padecerla se incrementan cuando el enfermo se centra en el análisis de su patología, percibiéndola como una amenaza seria para su salud, en lugar de abordar simplemente su proceso de recuperación de una forma más positiva y esperanzada. 


¿Cómo evitar la depresión tras el infarto?


El papel de la familia, los amigos y el entorno más próximo al paciente es crucial en la etapa de la recuperación. Durante su convalecencia, el enfermo debe percibir el apoyo constante de su círculo más íntimo, infundiéndole ánimos y evitando que desarrolle pensamientos negativos alrededor acerca de su problema de salud. En realidad, se trata de ofrecerle una perspectiva más positiva de la vida, incluso tras haber sufrido un acontecimiento dramático y crítico que hubiese podido tener consecuencias mortales. 


Los expertos opinan


Un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Luxemburgo y encabezado por Claus Vögele concluye que, si no se trata, la depresión post-infarto podría agravar los diagnósticos por cardiopatía severa. Tras haber analizado a treinta y seis pacientes mediante entrevistas y diagnósticos clínicos durante las primeras semanas de su convalecencia, estiman que sería necesario complementar el tratamiento médico y farmacológico con intervenciones psicológicas para garantizar una recuperación sin problemas. 

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