El FRAUDE por carne de caballo ha desatado todas las alarmas

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El escándalo tras la detección de carne de équido en partidas etiquetadas como ternera ha provocado un terremoto mediático en Europa. Ahora que parece que la crisis ha remitido y las aguas vuelven a su cauce, es momento de hacer balance de las iniciativas puestas en marcha por los distintos gobiernos afectados para devolver la confianza al consumidor.


¿Cuál es el origen de la alarma?


La carne de caballo en sí no supone ningún tipo de amenaza para la salud humana. Muy al contrario, se considera un alimento muy rico en nutrientes, por lo que es altamente recomendable en una dieta estándar. Así, contiene diversos minerales (hierro, zinc, magnesio), múltiples vitaminas (A, B1, B2, B3, B5, B6, B9, B12, C, E, K), un bajo nivel de grasas y colesterol.


Todo ello la hace muy recomendable en casos de anemia, por ejemplo. Y si el problema no radica en sus propiedades nutricionales, ¿dónde se encuentra? En el uso fraudulento que determinados productores alimentarios han hecho de ella. Al introducirla en productos identificados como ternera se ha estado engañando al consumidor. Además, el origen de la carne de caballo introducida ilegalmente es oscuro. Se cree que procede de granjas ilegales, en las que no existen registros sanitarios y los animales no están controlados.


En Gran Bretaña y Francia se han detectado partidas de carne infectada con fenilbutazona, un potente antiinflamatorio perjudicial para la salud humana.


¿Qué han hecho las autoridades sanitarias?


Las reacciones se han ido produciendo sobre la marcha. La dimensión alcanzada por esta crisis alimentaria y la alarma suscitada entre la población (no hay más que observar las estanterías de los supermercados repletas de carne ahora bajo sospecha) han obligado a los distintos gobiernos de la Eurozona a tomar medidas para rastrear la existencia de casos similares en sus países o evitar que se produzcan en el futuro.


Reino Unido ha abierto el camino, realizando exámenes masivos a la carne procesada. Alemania ha aprobado sanciones económicas y penales para los autores del fraude. En Suiza, Portugal, Italia y Holanda, distintas cadenas de alimentación han ido retirando progresivamente los productos alterados de sus establecimientos. En España, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente se ha negado a dar explicaciones. Pasado el pánico inicial, las autoridades parecen confiar en la escasa memoria de los consumidores.

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