De AMOR también se muere, literalmente

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Suena a tópico romántico y a título de canción melódica, pero la realidad es que, efectivamente, el amor y su ausencia pueden desencadenar diversos procesos críticos en nuestro organismo que nos lleven a la muerte. 


El amor y la salud


El estado de felicidad derivado del enamoramiento es extremadamente positivo para nuestro bienestar físico y mental. Desde el punto de vista científico, se argumenta que el amor hace liberar una sustancia llamada feniltilamina, provocando cambios en nuestro estado de ánimo y en nuestro aspecto. La sonrisa frecuente y el sonrojo son algunas de sus manifestaciones más comunes.


Y es que la circulación sanguínea aumenta en estos casos, mejorando la salud cardiovascular de la persona. La elevada autoestima provoca una sensación de vitalidad y rejuvenecimiento muy positiva, previniendo el riesgo de padecer depresión. Con ello, también mejoran nuestras defensas frente a las enfermedades y, al aumentar los niveles de estrógenos, nuestra piel, cabello y uñas tienen mejor aspecto. 


¿Y el desamor?


Con la ausencia del amor como estímulo y aliciente, la situación se revierte. Las rupturas o la muerte del ser querido conllevan un proceso de duelo más o menos largo que no todo el mundo es capaz de sobrellevar. Desde la John Hopkins School of Medicine (EEUU) se ha presentado un estudio que demuestra que el desamor genera una hormona capaz de provocar en nosotros un cierto estado de shock, con complicaciones cardíacas que pueden llevarnos a la muerte.


Este cuadro es más frecuente en las mujeres, dañando irreversiblemente el músculo cardíaco y provocando, literalmente, dolor en el corazón. En otra investigación llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Glasgow (Escocia) se asegura que el duelo puede conllevar también la adopción de hábitos negativos que compliquen patologías previas. La cuestión en aprender a gestionar el adiós. 

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