Crece el número de opositores a las vacunas

Descubren una proteína contra las ETS
septiembre 12, 2016
De AMOR también se muere, literalmente
septiembre 12, 2016

En los últimos años se ha observado un notable incremento de colectivos ciudadanos que se manifiestan en contra de las campañas de vacunación. Según ellos, las vacunas no son en absoluto todo lo beneficiosas que las autoridades sanitarias anuncian. Para defender su postura, tienden a minimizar sus cualidades positivas, incidiendo en los efectos secundarios y los riesgos que la inoculación de estos fármacos puede entrañar para la salud de los pacientes.


¿Quién tiene miedo a las vacunas?


Aunque podría pensarse que dicha visión un tanto extrema de las vacunas es fruto de la ignorancia, sorprende descubrir que buena parte del llamado “movimiento antivacunas” está integrado por profesionales liberales con alto nivel de instrucción y estabilidad económica. Se trata en general de padres preocupados por la salud de sus hijos, demonizando cualquier producto farmacológico susceptible de provocar algún tipo de reacción adversa (por muy mínima que ésta sea). 


¿Qué ha originado esta oleada de pánico?


El recelo que han venido despertando las vacunas en ciertos colectivos ha motivado que muchos niños se vean sobreexpuestos a patologías como el sarampión o la tos ferina. A pesar de ello, muchos padres deciden correr el riesgo. Creen que tiene más que ganas que que perder. El miedo a los efectos de las vacunas tiene su origen un artículo publicado por Andrew Wakefield en The Lancet (1998), en el que intentaba demostrar la existencia de una relación causa-efecto entre la triple vírica y el repunte en casos de autismo. Gracias al prestigio de esta publicación científica, las tesis de Wakefield tuvieron un gran eco. Sin embargo, quedó demostrado que el artículo había sido un gran fraude orquestado por las propias asociaciones antivacunación. El British Medical Journal lo descalificó, siendo finalmente retirado de los archivos de la revista. 


¿Cuáles son las consecuencias de la no vacunación?


Si las campañas de vacunación pierden efectividad, el efecto rebote es inmediato: las enfermedades no tratadas repuntan de forma alarmante y constituyen una nueva amenaza para la salud pública. Según la Academia de Pediatría norteamericana, la tos ferina ha pasado en treinta años de 1.000 infectados a 26.000 en un plazo de treinta años. De todas formas, en Estados Unidos se estima que gracias a la prevención, las tasas de mortalidad infantil entre las trece enfermedades para las que existe vacuna ha dismuido en un 90%. De hecho, la viruela, la difteria y la poliomielitis no registran ninguna muerte.


Cuando lo padres “antivacunas” alegan que prefieren que sus hijos superen de forma natural patologías como el sarampión, no tienen en cuenta las patologías secundarias que pueden asociarse a éste. Y es que la neumonía en estos casos provoca la muerte de 350.000 niños al año. Las secuelas pueden ir desde la ceguera a la sordera o incluso el daño cerebral. 


Las autoridades sanitarias españolas y mundiales trabajan para concienciar a la población sobre la necesidad de blindar su salud en la medida de lo posible, protegiendo su sistema inmunitario a través de las vacunas y las medidas preventivas pertinentes. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *